Casetti, F., & Pinotti, A. (2020). Post-cinema Ecology. En Post-cinema. Cinema in the Post-art Era (pp. 193-217). Amsterdam: Amsterdam University Press
El texto se desarrolla girando sobre la problemática de un cine «expandido», pero es la superación de la especificidad cinematográfica lo que puede ser más nutritivo para pensar nuestras relaciones con la realidad, al ser atravesadas por la imagen técnica. El enfoque del artificio se confronta a una ontología que otorga estatus de cosa a imágenes constituidas desde la interactividad; las cosas aparecen a partir de las relaciones que indican su existencia. Lo anterior implica el esfuerzo para descentrarnos de un concepto de experiencia encuadrado por una validez razonable, un marco cultural y simbólico que restringe la apertura de escucha a múltiples cosas que se subestiman como artificiales. Entiéndase que ese desplazamiento es en función de disolver el antropocentrismo y el dictado de la verdad desde una versión de dogmatismo ilustrado, que ejecuta judicialmente la exclusión de lo extraño. Es importante establecer que la inclusión difiere de la falsedad: establecer la frontera como una región permeable y dinámica, permite modelar relaciones con la veracidad, donde prime el pensamiento y se evada la legislación inamovible.
La aproximación que plantean los autores se aproxima al enfoque antológico que despliega Yuk Hui respecto a los «objetos digitales»[1]. Reitero: la ontología no solo piensa sobre lo que hay, sino sobre las relaciones que se establecen entre aquello que está, relaciones que ponen de manifiesto que una cosa está. En el caso de los objetos digitales, los fragmentos de información corresponden a Datos que se formalizan en metadatos, organización que permite diferenciar esquemas de relaciones que indican la presencia de objetos, así estén estos online, pero que permean nuestra vida cotidiana ofline[2] . Desde la ontología de relaciones, de cosas que en su relacionarse tienen efectos, se pueden diferenciar y conocer por la experiencia tal como es (fanerón[3]), se puede concebir mundos que se articulan con la materialidad, aunque no se puedan considerar materiales como tales. Un avión se estrella realmente en el simulador de vuelo, de manera que el piloto es reprobado, independiente de si hay o no carne chamuscada.
La imagen se revela como conformadora de mundos, cambiando la concepción que se tiene de ficción, que pasa a ser ese espacio de ensoñación donde se pierde la inocuidad. La imagen en sí no mata, como lo expondrá Mondzain (iconos que no son perjudiciales en si mismos), sino que ésta, al relacionarse y configurar experiencias fantásticas, llega a afectar hasta el punto de tener consecuencias. Desde el plano del lenguaje, enfocar el discurso revela la posibilidad que contienen las palabras para relacionarse y tener efectos nocivos; habría que considerar los sistemas no estructurados de significación que ponen en circulación el pensamiento como imaginación que nos afecta. (¿Feromonas? La ficción de “El perfume”, si alguien tiene la sensibilidad de Jean-Baptiste Grenouille; los ejercicios de meditación de Ignacio de Loyola, o los éxtasis del canto gregoriano o del coro en el estadio de futbol) … Sí, escuchamos a las piedras y vivimos los sueños, lo que pasa es que los estigmatizamos por temor a su poder incontrolable.
Quizá habría que seguirle la pista a Graham Harman y su OOO. [4]
Otro eje temático a considerar es, cómo, una vez inducida la imagen a manera de objeto técnico, el entorno en el que se encontraría inmersa se pliega con el espacio-tiempo de la experiencia del usuario, propiciando «una rica fuente tanto de eventos perceptuales como motores, de posibilidades y agencias: participar en interacciones inter-avatariales, tocar y mover objetos digitales a través de guantes de RV, transformarte en un pájaro volando sobre Nueva York o en un pterosaurio volando en un cielo jurásico[5], interviniendo como operador remoto en telecirugía de RV”[6]. Este enfoque hace posible la referencia ecológica, en la que coexisten imágenes técnicas y personas combinando entornos, reforzando los parámetros expandidos que replantean el artificio en un dispositivo tecno-natural. Estamos hechos para la gravedad, la temperatura, la luminosidad, los olores y los sonidos, pero es en el bucle de la conciencia donde tendremos que discernir en que dimensión nos ubicamos para lograr la habilidad dar respuestas, relacionandonos con asertividad en la multiplicidad de mundos, con la inclusión que esto da y demanda.
Tratando de seguirle la pista a Donna Haraway ¿Se trataría de reinventar el chamanismo en el siglo XXI, para convivir dentro del Chthuluceno?
[1] Hui, Y. (2017). ¿Qué es un objeto digital? Virtualis, 8(15), 81-96
[2] Op. Cit. p. 82
[3] El término ‘fanerón’ fue acuñado por Charles Sanders Peirce: «Entiendo por fanerón la totalidad colectiva de todo aquello que de alguna manera o en algún sentido se presencia a la mente, con total independencia del hecho de que corresponda o no a algo real. Si se pregunta cuándo, o a qué mente, diré que dejo esas preguntas sin respuesta, ya que nunca abrigué una duda de que los rasgos del fanerón que hallé en mi mente están presentes permanentemente en todas las mentes». (Adirondack Lectures, 1905; in Collected Papers of Charles Sanders Peirce, vol. 1 [eds. Charles Hartshorne and Paul Weiss; Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1931], paragraph 284) (WIKIPEDIA)
Un fenómeno para Peirce es algo tal como aparece a la mente, es decir, algo en tanto existe como capturado/traducido por los signos. Es, visto de manera directa, una cosa significada/interpretada por/para el sujeto. Desde la perspectiva semiótica de Peirce, el mundo no se presenta ante nosotros a través de cosas, sino a través de fanerones. En unos de sus textos, La base del pragmatismo (de 1905), define Fanerón así:
Propongo emplear el término Fanerón como nombre propio para denotar el contenido total de cualquier consciencia (ya que cualquiera es sustancialmente alguna otra), la suma de todo lo que tenemos en la mente, de algún modo cualquiera sin tener en cuenta su valor cognitivo. Esto es bastante vago: lo dejo así intencionadamente. Sólo señalaré que no limito la referencia a un estado de consciencia instantáneo; puesto que la cláusula «de algún modo cualquiera» incluye la memoria y todo el conocimiento habitual. Probablemente el lector se preguntará por qué no me contenté con alguna expresión ya en uso. La razón es que la falta de cualquier asociación contigua con la nueva palabra la hará más aguda y clara que «una moneda usada».
[4] Harman, G. (2017). Object-Oriented Ontology: A New Theory of Everything (1a). U.K: Pelican Books / Penguin Ramdom House. También en Harman, G. (2015). Hacia el realismo especulativo (1a). Buenos Aires: Caja Negra.
[5] Hace alusión al simulador de vuelo “Birdly” [“New York Experience” (https://vimeo.com/316890451) and “Jurassic Flight” (https://vimeo.com/268133291)]
[6] Casetti, F., & Pinotti, A. (2020). Post-cinema Ecology. En Post-cinema. Cinema in the Post-art Era (pp. 193-217). Amsterdam: Amsterdam University Press, p. 205


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