“Trans” o las mutaciones del polvo


La vida es algo posible, que puede ser, no serlo o dejar de serlo. La pregunta sobre qué condiciones determinan la manera como se da la vida remiten a una concepción del biopoder que desvía su sentido entendido como ejercicio de fuerza y dominación, formulándolo como “se puede”. El biopoder es el poder preguntarnos, es la posibilidad de formular preguntas. En el momento que podemos preguntar, se formula la pregunta acerca de lo que podemos, de lo que queremos; de cómo podemos, es decir, cómo queremos que sea; por qué podemos, para qué queremos que sea. Es el poder de la pregunta si comprendemos la importancia de este acto antes de actuar. Es el poder de la pregunta de quienes preguntamos.
Si desplazamos el poder a la respuesta, si multiplicamos el poder de la respuesta, asumimos el poder forzado que opaca la humildad necesaria para escuchar, se olvida la posibilidad de preguntarnos sobre la piedra y sus sueños. Escuchar a las piedras otorga el poder de preguntarles, poniendo atención a las preguntas y dejando siempre en transito las respuestas, porque las preguntas persisten mientras las afirmaciones pasan.
El diálogo que es escucha, alimenta el poder de la pregunta: 
–¿qué sueñas? – le pregunto a la piedra, y es en esa pregunta donde pretendo encontrar a la piedra, encontrarme como piedra que se pregunta –¿qué somos?
Pero descubrimos en el transito de la pregunta la negación que nos constituye como pregunta, de manera que podemos continuar soñando como piedras que no somos.

Así presentaba el pensamiento de Aiton Krenak (2019) ante el seminario de la RESMA, recordando la pregunta acerca de quienes somos, formulándola con la inquietud de sabernos distintos, pero sobre una forma distinta de ser humanos. Quizá siguiendo normas distintas para el parque humano, enfrentados a la posibilidad de modificarnos en el uso de biotecnologías, sin olvidar “la más antigua de las artes, la repetición de los hombres por obra de los hombres” (Sloterdijk, 2006, p. 102); quizá ese humano se forme de distinta manera al constatar la actual crisis planetaria descrita como Antropoceno: la forma de ser en humanidad debe promover una transición de las humanidades, para poner de nuevo en foco lo que pasa y cómo hacemos que pase, redescubrir la continuidad de la naturaleza-cultura, para comprender que aquello puesto en juego es “el sentido mismo de la dignidad y de la libertad humanas en su condición de universales recíprocos a elaborar de manera compartida” (Garcés, 2017, p. 71), es decir, hacer que ocurra una cosmopolítica de coexistencia. Pero tambien esa distinción – más no exclusividad– ha de consistir en entendernos transitando y transitados, aceptarnos como las alteridades discontinuas que sentimos ser, pero a la vez, reconociéndonos parte de un amasijo en el que nos doblamos hacia afuera, en expansión hacia todo aquello que no somos pero que a la vez nos constituye. Pensar la diferencia de nuestra vida como una especie en particular, es pensar las relaciones que permitan dicha vida en coexistencia, plegándonos con todo: un plural que nos define y nos permite resonar en la totalidad, forma siempre en vilo, atendiendo a la disolución que permite el continuo rehacernos, perdurando.

Ser una humanidad en tránsito, que al ser transitada deviene variable; lo transitorio entendido como la posibilidad de habitar en las fronteras, multitud errante, traspasamos y somos traspasados, refugiados damos refugio, somos un laberinto con nuestro espacio, un afuera inmersos en el medio que a su vez somos: el universo nunca es meramente un lugar externo, sino siempre el sostén de nosotros mismos y de lo demás.

Parafraseando junto con Morton y Boyer: “¿Qué pensamos de los seres humanos? Pues que serían una buena idea” (2023, p. 18)

  • Garcés, M. (2017). Nueva ilustración radical. Anagrama.
  • Krenak, A. (2019). Ideias para adiar o fim do mundo (1a). Companhia das Letras.
  • Morton, T., & Boyer, D. (2023). Hiposujetos: Cómo convertirse en humanos (1a). Holobionte.
  • Sloterdijk, P. (2006). Normas para el parque humano. Una respuesta a la carta sobre el humanismo de Heidegger (4a). Siruela.

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