Poner en crisis la realidad desde mis lentes.i
La hipótesis revolución es una contraficción, un punto de fuga entre las ficciones normativas.ii
Cuando un diálogo adquiere sentido o, también, cuando equivoca su sentido, no realiza, en términos de lenguaje, más que producción de sentido. Producción de sentido me parece la manera más breve de formular lo maravilloso y enigmático del lenguaje…iii
-¡Cómo! ¿Se imaginan ustedes que me tomaría tanto trabajo y tanto placer escribir, y creen que me obstinaría, si no prepara ̶con mano un tanto febril- el laberinto por el que aventurarme, con mi propósito por delante, abriéndole subterráneos, sepultándolo lejos de sí mismo, buscándole desplomes que resuman y deformen su recorrido, laberinto donde perderme y aparecer finalmente a unos ojos que jamás volveré a encontrar? Más de uno, como yo sin duda, escriben para perder el rostro. No me pregunten quién soy, ni me pidan que permanezca invariable: es una moral de estado civil la que rige nuestra documentación. Que nos dejen en paz cuando se trata de escribir.iv
Josefina Ludmer, refiriéndose al prefijo “post” asociado a “lo que viene después”, en tanto segmentación temporal que establece series, lo asume como una herramienta conceptual e histórica, implicando que “las divisiones no son tajantes ni proceden dialécticamente (lo post es una periodización no dialéctica) porque “lo que viene después” no es ni anti, ni contra, sino alter; no hay un corte total con lo anterior, el pasado está presente en el presente, y persiste junto con los cambios”.v La temporalidad “alter”, donde los cortes no son tajantes, se puede ampliar con la espacialidad transcultural; los límites que establecen los conjuntos tempo-espaciales sirven para comprender relaciones, pero es prudente considerar la porosidad de cualquier frontera, asumiendo la postura cognitiva de Ludmer o de Foucault, de plasticidad identitaria y devenir temporal. El corte temporal se decide buscando la coherencia especulativa, pero lejos de someter la aventura en el laberinto o del sometimiento al estado civil que normaliza la huella señalada por el documento escrito. La postura disidente que evade el archivo burocrático, ese anquilosado sostén del castillo kafkiano, permite restaurar la creatividad de especular que va quedando documentada y cotejada por las huellas recorridas. De manera similar que “Aquí América latina” se puede considerar una especulaciónvi, allá Europa o allá Modernidad, son especulaciones sobre la multiplicidad de modelos creativos establecidos en lo arbitrario y difuso del corte que las conjunta. De esta manera se puede tratar de evitar la distancia abismal que hace infranqueable la exclusión, revertir el acto que pretende determinar la unicidad del conjunto elaborado a partir de la norma dialéctica, línea organizada por dos extremos, sin considerar los terceros que la pueden transformar en fractal.
El diálogo puede ser aburridamente binario al perseguir la síntesis de cada oposición. Si se desplaza la operatividad del diálogo, enfocando su tarea en la producción de sentido, inclusive el equívoco, se da lugar a la maravilla y al enigma realizándose en el lenguaje, afectando de manera extraña y sorpresivavii, en la oscuridad y diversidad de la palabra.
¿Qué ocurre cuando el diálogo es con los ausentes, mediante la escritura? Se puede responder que la producción de sentido se multiplica, ya no en la dinámica de acordar, explicar o concluir de quienes preguntan y esperan respuesta en el marco de los acuerdos normados del habla presente. Si el diálogo es con los fantasmas, el primer paso es aceptar que están allí para participar en dicha producción de sentido; cuando aparecen en un rincón penumbroso, se ha de hacer a un lado al miedo para poder formular preguntas partiendo del espectáculo que presentan y quizá se llegue a escuchar a los espectros. Los ausentes se hacen presentes en el carácter testimonial de la escritura, replanteando la normativa del diálogo.
No tengo nada que decir, pues el texto se arma con el cuerpo
La escritura puede asumirse como el espacio que permite la fuga, en la contraficción; evadir el espacio normado del habla, siguiendo los presupuestos de Derrida o de Preciado. Es en esta dirección que pudiera asumirse el aforismo oracular: una invitación a jugar con la doble fantasmagoría de la escritura y de la sibila.
Se escribe con el cuerpo: en silencio se sustituye el lenguaje para atender el tiempo que se anticipa.
Castillos de naipes
Persiguiendo los afectos latentes en las e(x)crituras, se puede romper con la reducción del sentido “a la trivialidad de una defensa de las buenas costumbres, de las reglas del pensamiento, del sentimiento místico o del goce estético”viiiModificar la polaridad de la ficción, evitando suscribir la lectura moral de la apariencia y el simulacro entendidas como engaño malintencionado; en su lugar, resaltar la capacidad de modelar implícita en “fingere”. Esta aproximación creativa a la ficción puede ayudar a validar el camino especulativo, devolviéndole la fuerza que el pensamiento de eficacia funcional le ha restado; retomar la posibilidad de modificar realidades o construirlas, guiadas por el principio de coherencia.
Quizá la capacidad de la ficción subversiva pueda transformar la ficción normativa; quizá la afección abra caminos y no inmovilice, quizá convenga retomar la disciplina del silencio para evitar el ahogo que se sufre al pretender decir mucho; quizá se logre entender recursivamenteix lo profundo y lo superficial, para que la norma sea un negociar continuo, para elaborar lugares de coincidencia y no sometimiento a la ley que elabora comunidad al costo de establecer lo marginal.
La disección diaria nos colma, queremos abrumarnos en la anestésica positividad; el clamor de realidad mata los sueños.
La credulidad es la disposición a asumir credos, dogmas, a someterse en las normas ajenas. El mundo de la imaginación, bien sea en el tejido del sueño y/o en la figura de lo deseable, subvierte lo normal y es incompatible con el dogma. ¿Qué tanta credulidad se asume? ¿qué tanta es la inmersión en la credulidad documental del mundo burocrático? ¿qué tanto se puede concebir el archivo como un espacio ficcional que dialoga con fantasmas e invita a transformar realidades? Son preguntas cuya pertinencia es ineludible en el mundo actual del big data, pero en la secuencia de “lo que viene después”, hay que considerar el reparto sensible que designó como infalible evidencia todo documento; tener en cuenta qué se modifica o cuanto persiste en la pretensión de cambio; al modificar la operatividad del documento se puede llegar a quebrar la instrumentación que sostiene, multiplicando el papeleo, a la constrictiva tecnoburocracia. Es posible imaginar multiplicidad testimonial, que a su vez, sostenga otros modos de organización y activismo.x
La negatividad
Modificar el ordenamiento binario es difícil, al estar constituido sobre el bucle de la sensibilidad que impulsa la fuerza de orden lógico. Se olvida que la lógica es tan solo una herramienta para el pensamiento, al igual que el cuerpo o los sistemas de valor.
La tradición maniquea permea los ámbitos de la vida que son cercanos, distribuyendo en dos extremos el bien y el mal, ordenando el sentido de las figuras de oposición binaria. La electricidad se explica como resultante de la presencia de positivo y negativo; de manera similar la visualidad, a partir del alto contraste entre blanco y negro; la percepción cotidiana adquiere carga moral: frío-malo, cálido-bueno; la agresividad de lo rugoso es mala, la suavidad de lo liso es buena; armonía opuesta a disonancia; equilibrio a desequilibrio. Al cuestionar el sentido común, resulta que lo eléctrico se comprende como flujo y en los contrastes de la percepción se multiplican matices que enriquecen la aventura estética. La enumeración de las oposiciones pierde su inocencia si se enuncia desde la desigualdad de poderes, en la que usualmente un polo se impone sobre otro: masculino/femenino, izquierda/derecha, humano/animal, civilizado/salvaje, naturaleza/cultura, racional/irracional, rico/pobre, adentro/afuera, igual/diferente… y la lista se extiende por más que la experiencia proponga la diversidad de los matices intermedios. La politización de la experiencia estética que plantea Jacques Rancièrexi invita a pensar las afecciones del reparto sensible.
Asumir la autocrítica de lo cotidiano es un llamado urgente a ser espectadores de la propia sensibilidad, más allá del ejercicio que normaliza lo políticamente correcto de origen puritano; la corrección de lo político podría establecerse como una dinámica que surge afinando la atención sensible frente a cada experiencia, cultivando la intuición, posibilitando la habilidad de dar respuestas al sumar herramientas distintas a la racionalidad, ya que ésta puede medir obtusamente partiendo de la valoración polar.
La denotación de lo negativo vinculado a lo dañino, contagia por asociación el sentido, afirmando el conjunto de lo positivo por exclusión, marginando como destructivo todo sentir de lo negativo. Si se asumen diferentes perspectivas, los límites pueden constituirse con la porosidad que permite concebir conjuntos dinámicos, animados en la multiplicidad y dispuestos al cambio. La negatividad puede entenderse, hegelianamente, como motor de cambio cuando una idea genera su opuesto y el conflicto lleva a la síntesis; puede surgir, existencialmente, de la libertad humana, al negar otros posibles en la elección; el dolor y fracaso estoicos pueden ser oportunidad para ejercitar la virtud y aceptar lo que no se controla; el pesimismo puede superarse, creando valores propios que transforman sufrimiento en fuerza; o en la negación de los apegos quizá se logre la paz interior.xii
Disentir la norma llega a evidenciar la constitución anquilosada, es una postura que indica la estandarización que repite lo mismo excluyendo lo distinto; lo ausente no deja rastro en lo presente, lo complementario deja de operar en los sistemas de significación, multiplicando normas insensatas. El legado de Derrida da herramientas para reconsiderar lo marginal de la ilusión literaria al asumirla como complemento para pensar realidades; permite condenar el dictado fonético al silencio de la escritura, revalidando el sentido múltiple de la huella, el testimonio o la evidencia; matizando la claridad al retraer las sombras de su proyección relegada; evidenciando el cieno que fertiliza la luz transparente propuesta por el humanismo moderno.xiii
Jacques Derrida, desde la deconstrucción, reveló cómo lo excluido —aquello que el discurso dominante margina o niega— estructura paradójicamente los sistemas de significado. Términos ambiguos como el phármakon en Platón (veneno/remedio) o los márgenes del texto filosófico no son accidentales, sino que desestabilizan las jerarquías binarias (habla/escritura, centro/margen). Para Derrida, la negatividad es constitutiva: lo ausente deja una huella que fisura la pretendida totalidad del logos. En la imagen de la “luz negra” publicada en Glas, lo marginal y excluido (encarnado en la figura de Genet) no es un accidente del sistema filosófico, sino su condición de posibilidad silenciada; la «luz negra» no destruye el sistema para fundar uno nuevo, sino que nos obliga a habitar sus fracturas, a leer entre líneas lo que nunca podrá ser dicho plenamente.
Gayatri Spivak, desde una perspectiva poscolonial y feminista, radicalizó este enfoque. Interrogó la negatividad política de aquellos silenciados por el colonialismo y el patriarcado. El subalterno —como la mujer sati o el campesino colonizado— no es un mero «ausente», sino un “suplemento” que expone la violencia epistémica del poder. El mutismo de los excluidos ya no es simple vacío, sino síntoma de violencias históricas concretas. La negatividad adquiere así densidad material, transformándose en interrogante ético antes que en mera categoría discursiva. Spivak advierte que no se trata de «dar voz» románticamente al excluido, sino de leer en su negación las grietas del sistema que lo produce. Así, la negatividad deviene herramienta de crítica material, no solo textual.
Derrida y Spivak comparten una premisa: lo negado no es lo opuesto a lo afirmativo, sino su condición de posibilidad. Mientras Derrida desmonta metafísicas, Spivak politiza el gesto, mostrando que la exclusión funda órdenes de dominación. La negatividad, entonces, ya no es síntoma de falta, sino potencia de interrogación y transformación.
No se trata de realizar una apología del mal, de la violencia ejercida para desconocer y violar al otro, de los dichos y acciones que perjudican, de la ventaja convenenciera en detrimento del bienestar ajeno, de hurtar, inclusive la vida, sin atender consentimiento alguno. Hay cosas y relaciones que se deben excluir para acentuar la habilidad de dar respuesta, a la vez que es necesario atender muchas que se relegan por norma.
Los fantasmas de la ficción
La herencia de la configuración occidental, la presencia del legado de la información griega, semita y romana, se organiza sobre el relato de lo exclusivo, de la formación de un conjunto que se afirma sobre la marginación y lo que queda fuera de él; la lógica sustentada entre dos que excluyen un tercero. La lógica es la herramienta protagónica del pensamiento racional verificable en los fines que persigue. Si la legislación reducida a ley general funciona con eficacia y se logran obtener el máximo de resultados, pensar resulta productivo; este esquema considera erróneo lo que no “resulta” o el matiz, ya que la contundencia del metro no les respalda. De esta manera se margina la dimensión dionisíaca, inefable y del cuerpo, como lugar del pensamiento erótico, sensible o afectivo. El diálogo estereotipado en el modelo Platón/Sócrates que induce el privilegio discursivo del nacimiento de las ideas, que figuran la verdad preexistente, menosprecia la coincidencia a partir de dos, para compartir la polifonía de voces no jerárquicas, relega el diálogo inclusivo que surge desde el reconocimiento del/en el rostro del Otro, o el que se da de manera similar a las variaciones del jazz.xiv El pensamiento que dirige la imaginación hacia lo desbordante y a su vez difícil de cotejar, por más que produzca acuerdos, es concebido como ficción, actividad que finge y por esto relegada a la mala intención del engaño, o tolerada como distracción fútil. Al valorarla en el borde de lo cultural, se disuelve la fuerza de la ficción concebida como modeladora de la realidad, de la práctica creativa de imaginar mundos, posibilidades futuras, bien sean alternativas o hipotéticas.xv
El simulador permite comprender las formas de volar, hasta lograr que el modelo de vuelo se asuma como experiencia.
Al reconsiderar algunas producciones humanas marginadas, la ficción puede participar en la red que sustenta la realidad. Yuval Harari considera la ficción como una característica de la revolución que desemboca en la antropización
Leyendas, mitos, dioses y religiones aparecieron por primera vez con la revolución cognitiva. Muchos animales y especies humanas podían decir previamente «¡Cuidado! ¡Un león!». Gracias a la revolución cognitiva, Homo sapiens adquirió la capacidad de decir: «El león es el espíritu guardián de nuestra tribu». Esta capacidad de hablar sobre ficciones es la característica más singular del lenguaje de los sapiens.xvi
Esta capacidad de referir información acerca de cosas que no existen, va más allá de la imaginación individual, pudiendo realizarse colectivamente, permitiendo la capacidad de cooperación voluntaria en gran número, al punto de vincular los estados modernos a la capacidad de creer los mitos nacionalistas, multiplicando la capacidad de cooperación de maneras flexibles de un gran número de extraños.
Los roles que se desempeñan socialmente se configuran sobre la creencia en convenciones que la colectividad a establecido, haciendo creíble la simulación de quien desempeña determinado rol, asumiendo las normas que esto implica, a la vez que la actuación desempeñada fija los parámetros de integración en el colectivo. Tal es el caso del colegio, donde se establece cual ha de ser el papel desempeñado por el estudiante, del profesor o del administrador; mientras que el mismo estudiante asume otra normalidad si es nombrado capitán del equipo de futbol, defensa central o si porta la camiseta numero diez; esta extrapolación de la simulación teatral al cotidiano social la propone Ervin Goffman.xvii
Sin director y sin guión, el teatro postautónomo deambula en el drama de la vida cotidiana.
El intangible de lo simbólico que cimienta cultura y sociedad se puede relacionar desde otros modelos diferentes al interaccionismo simbólico o la historia antropológica, pero es necesario evitar el relativismo de “todo va, todo se vale”, teniendo en cuenta que la realidad demanda coherencia con los hechos y que pertenece al ámbito de la experiencia humana, que a su vez se coteja en la agencia ética de dar respuestas, validada por la acertividad de vivir. Enfatizar que el dinero no se valora por ser un objeto físico, sino por la creencia colectiva que instituye su uso como herramienta para el intercambio en la sociedad de mercado y para la acumulación de riqueza, sirve para contrarrestar la idea de que sea “más fácil de imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”xviii. Pero el mal se torna banal cuando la multitud se convence por el utopismo de la promesa imperial y el particular asume sin chistar la jerarquía burocrática que consolida al gran líder; de manera que la respuesta de Eichmann deslindándose de la responsabilidad del holocausto, argumentando seguir ordenes y realizar bien el trabajo asignado, se repite en diferentes niveles de la imaginación tecnoadministrativaxix; al final el asesinato es incuestionable o la muerte simbólica cuestionable por el perjuicio de los hechos. Lo que ocurre y perjudica no puede ser considerado como ficción: la inanición y el hambre son hechos, pero hay quienes logran elaborar mitologías que encuentran razonable la exclusión en la miseria a muchas personas. La capacidad de medir, tasar y valorar, propias del pensamiento instrumentado por la racionalidad, al asumirse como generalidad positiva que regula y organiza todos los ámbitos de lo humano, pervierte el proyecto moderno, en el cual se establece una diferenciación de la humanidad como género, a partir de la capacidad pensante. Esta diferenciación ha de asumirse sobre la multiplicidad que desvela ser conscientes de la finitud y la contingencia; pensar es el modelado colectivo de mundos coherentes, pero cada mundo cumplido señala todos aquellos que quedan en el espejo, en el calidoscopio de lo especulativo; pensar desde la imaginación permite concebir la importancia de las preguntas y lo efímero de las respuestas; pensar motiva la autosuperación del conocimiento, en contraste del positivismo que organiza y legisla promoviendo la estabilidad y la unidad como valores, que a su vez polarizan negativamente todo lo relegado al margen, o al otro lado del abismo infranqueable, que separa lo humano de lo subhumano; la modernidad como proyecto pluralxx sustentado sobre el pensamiento no es lo que ha promovido la exclusión y la hegemonía, es el poder que asumen algunos quienes piensan que su modernidad les otorga el poder normativo sobre las argucias de sus razones.
El diferente radical es uno.
En la modernidad transcurren series “post” que in-forman “occidente”; a la vez, el pensar entendido como diferenciador, permite el flujo “alter” en la modernidad entendida como multiplicidad. Así la diversidad postmoderna ha estado siempre presente en el proyecto moderno de pensar. La conciencia de tiempo que se autosupera en la novedad que sigue a la novedad anterior, la manera de propiciar orden tomando criterios extraídos de propia forma de automodelarse en la experimentación hacia lo novísimo, promueven la dinámica de la modernidad como proyecto; así, ya sea con la máscara del desarrollo, o el rostro figure la ruptura revolucionaria, la modernización aparece como símbolo que representa el futuro cumpliéndose en cada momento y acelerando.xxi Al asumirse en pluralidad, la temporalidad de las alter-nativas modernas multiplica el número y grado de lo cumplido, abriendo horizontes posibles.
El entramado que se da entre empirismo anglosajón, pensamiento analítico, la configuración sensible del puritanismo protestante y regulación social por el dispositivo democrático-mercantil, propulsó la tendencia de una estadounisaciónplanetaria. Alternativamente se puede especular America latina desde la heterocronía, la heretopía y la inversión narrativa de las ficciones posmodernas antecediendo a las pretensiones modernizadoras.xxii Al respecto, es notorio el corte al que recurre Ludmer:
Pero mi tema es la literatura y uso lo que viene después para tratar de entender algunos cambios en las escrituras de los últimos años. Y sobre todo a partir de qué producen los cambios, porque el problema de lo que viene después es dónde se pone el corte. Hoy nos situamos literariamente después de los clásicos del siglo XX, estamos en lo que viene después de García Márquez, de Onetti, de Borges o de Puig o de Cortázar. Después de esa era que duró más o menos entre 1940 y 1970, y coincidió con la industria nacional del libro sobre todo en Argentina y en México, con Emecé, Sudamericana, Fondo de Cultura, que exportaban libros a todo el mundo. El ciclo de los clásicos latinoamericanos es el mismo de las editoriales nacionales, y es uno de los ciclos de las naciones latinoamericanas.xxiii
El recurso al clasicismo Latinoamericano que contrasta con los “alter” griegos, del siglo de oro u otras tipificaciones de matriz eurocéntrica, resalta la particularidad regional de un sistema que enreda su autonomía sin aislarse; los gauchos borgianos no eluden a celtas y eslavos, Cortazar traduce a Poe y a Yourcenar, García Marquez filtra a Faulkner. A la vez, se puede interpretar entre líneas la ambivalencia entre lo explosivo que resuena en un “boom”, concretando las experiencias y especulaciones que devuelven la imagen congelada de la diversidad conflictiva; establece la posibilidad de elaborar la experiencia de la memoria propia, experimentar con los modos lingüísticos locales, retraer los anhelos utópicos.xxiv Quien escribe este texto se ve rebasado por su desconocimiento de la historia literaria, pero logra intuir cómo surge, de una postura crítica, la multiplicidad de la Historia; que la complejidad y particularidades de la literatura latinoamericana no se puede aislar en una postura identitaria, sino como especulación, es decir, como ficción que describe modelos contenedores del pasado y vinculados con el futuro.
La temporalidad articulada con los procesos culturales actuales, determinan procesos de escritura y participan en los pactos de lectura establecidos. Al promover el acceso a las tecnologías digitales de comunicación e información, se fortalece la tendencia a que de ser usuarios y consumidores se participe como prosumidoresxxv multiplicando las posibilidades de lo artístico en la vida, a la vez que el Arte vinculado a lo institucional se transforma o precariza por recortes de presupuesto y en las brechas económicas que merman el desarrollo humanoxxvi de la multitud. De igual manera, la mediación digital transforma, como lo enuncia Ludmer, la literatura, ya que la producción, distribución y lectura del libro cambian; de este cambio no son indiferentes otras formas de producción artística.
Se puede seguir el camino de explicar el cambio de la literatura, llevándola a su clausura, entendiendo de esta manera lo “post” literario, como un “no más allá” de la literatura en una crónica de muerte anunciada. Ludmer es muy lúcida al nombrar la mutación de lo literario refiriéndose al cambio de dirección como se comprenden las artes, poniendo en duda la autoreferencialidad crítica de cada una de las artes, sometiéndolas a la disciplina de su propia diferenciación sobre la exclusión. Pero el artista es un animal que contesta al sometimiento taxonómico, a la vez que “lo artístico” se resiste a las normas de singularización al sistema instituido del Arte; la combatividad de la vanguardia, que pretendía la libertad que da la autonomía, se deslinda del tono patriarcal, de manera que la definición del Arte, se transforma en la participación en “lo artístico”, la explicación de la literatura hoy, cede al juego e indefinición de “lo literario”; la teoría de la pintura elaborada por Clement Greenberg, se debilita al sentir como “lo pictórico” invade de color la arquitectura, invita al misterio en la atmósfera fotográfica o fluye en las serigrafías de poesía concreta.xxvii
A la conceptualización de la postautonomía en literatura, Ludmer la enriquece con “lo que viene después”
Lo que viene después podría ser un instrumento para pensar un presente porque recorre todas las divisiones (económicas, políticas, históricas, culturales, literarias: el después está en todas partes). Lo que viene después es como un movimiento de historización del presente; un modo de periodizar y un modo de imaginar
el cambio porque traza una secuencia, se pone en un devenir e implica una concepción dinámica de la reflexión.
Al concebir la critica como una forma de activismo cultural y cumplir la necesidad de definir el presente para poder actuar, Ludmer se involucra con “lo literario” para imaginar el cambio. El flujo autocrítico de las vanguardias fluye en una integración de “lo artístico” en la vida, “lo poético” en mutua resonancia con la vida, lo vivo y demás. El lenguaje es plegado sobre sí mismo en el ejercicio poético, a la vez que, en su actualización de “lo literario” como mundo, se despliega para conocer otros mundos, especula modelando una dinámica de pensamiento activista. Lo enredado es una descripción negativa que permite destituir lo normativo para actualizar el presente desde una futuro que no puede desvincularse de la dificultad de tipificar las obras, de la aventura con pretensión de novedad, de lo azaroso, lo alegóricoxxviii; la técnica del montaje que indica una de las cualidades de las vanguardias históricas, llega a acentuarse cuando la tecnología digital del copy paste y en la configuración del hipervínculo la facilita.
Los modos de historizar, de periodizar se abren hacia el sentir múltiple, especulativo y con la ficción delatada por la luz negra.
- iAlejandra Ferreiro. Compañera del diplomado “Excribir hoy (2da edición): Urgencias y emergencias de la investigación-creación” (17, Instituto de Estudios Críticos)
- iiPreciado, Paul B. (2022) Dysphoria mundi. Anagrama: Barcelona, p. 57
- iiiGadamer, Hans-George (2016 [1990]). Poema y diálogo. Barcelona: Gedisa, pp. 144-145
- ivFoucault, Michel (1979). La arqueología del saber. 6ª ed. , México: Siglo XXI, p. 29.“— Eh quoi, vous imaginez-vous que je prendrais à écrire tant de peine et tant de plaisir, croyez-vous que je m’y serais obstiné, tête baissée, si je ne préparais — d’une main un peu fébrile — le labyrinthe où m’aventurer, déplacer mon propos, lui ouvrir des souterrains, l’enfoncer loin de lui-même, lui trouver des surplombs qui résument et déforment son parcours, où me perdre et apparaître finalement à des yeux que je n’aurai jamais plus à rencontrer. Plus d’un, comme moi sans doute, écrivent pour n’avoir plus de visage. Ne me demandez pas qui je suis et ne me dites pas de rester le même : c’est une morale d’état-civil; elle régit nos papiers. Qu’elle nous laisse libres quand il s’agit d’écrire.” Foucault, Michel (1969) L’archéologie du savoir. France: Galimard-NFR, p. 28
- v00:07:00 Josefina Ludmer dictó la clase «Lo que viene después», en el contexto de la celebración de los diez años del Doctorado en Literatura de la Facultad de Letras UC, el 6 de diciembre del 2012. ( https://www.youtube.com/watch?v=nI0wBaETdkA&t=812s ). En esta plática enriquece la lectura realizada en ocasión del otorgamiento del título Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires dos años antes ( https://lavaca.org/notas/lo-que-viene-despues/ Cons: 16/06/2025)
- viLudmer, Josefina (2010). Aquí América latina: Una especulación. 1ª ed, Buenos Aires: Eterna Cadencia Editora.
- viiLa remisión etimológica corresponde a dos intenciones: la primera, combatir el olvido; la segunda, jugar con el sentido. La mutación del lenguaje produce variedad de sentido, cual catedral se cimienta en un punto, que va repartiendo las fuerzas en la medida que transcurre el tiempo, la arquitectura es origen, a la vez que transformación connotativa y es en la posibilidad de recordar donde la filigrana de nervios contradice el mito de la maldición babélica; la estandarización del sentido refuerza la ilusión de infalibilidad comunicativa, pero es en las “fallas” del sentido donde se multiplican las posibilidades de orden, retando la tibia muerte de la entropía vinculada a la eficiencia productiva. El recuerdo invita a jugar sobre el tejido de palabras, de manera que no se reduce a una línea, tampoco al orden cartesiano; especular va más allá de la mínima coherencia del reflejo.
- Se coteja bibliográficamente en “Corominas, J. P. (1980). Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Madrid: Editorial Gredos.” Los recursos digitales utilizados son: https://dle.rae.es , https://etimologias.dechile.net .
- Respecto a “maravilla”, la idea es remitir al acto de mirar; simultáneamente un mirar atraído, a la vez que hacia un mirar extrañado. La palabra oscura del “enigma” permite cruzar el límite establecido por el Tractatus de Wittgenstein, que establece la conveniencia del silencio cuando el sentido deja de ser luminoso.
- viii A.N. Whitehead en: Stengers, Isabelle. (2020). Pensar con Whitehead. Una creación de conceptos libre y salvaje. Buenos Aires: Cactus, p. 315
- ixLa “recursividad” como figura extrapolada de la teoría de sistemas, puede enriquecer los vectores de sentido, en mecanismos espirales de retroalimentación: de ida y retorno, la convención tradicional no se ejerce por oposición, sino se hace permeable y paradójicamente se conserva en el cambio.
- xEs ejemplar el trabajo de Dani Zelko ( https://reunionreunion.com/casita-1 ) en, Montaldo, Graciela (2024). Imaginar y documentar: la doble vida del arte. Revista Heterotopías, UNC: Córdoba, ISSN: 2618-2726
- xiRanciere, Jacques (2029) Disenso. Ensayos sobre estética y política. Fondo de Cultura Económica: México
- xiiLista que corresponde a algunas personas que consideraron lo negativo desvinculado de la “maldad”: Hegel (la dialéctica es una herramienta más, el diálogo y el pensar tienen más recursos), Sartre, estoicos, Nietzsche, Buda.
- xiii Junichiro Tanizaki elogia la sombra. El sentido de luminosa transparencia que la razón evidencia, sostiene el valor de lo puro, y es dentro de esta política de lo estético, donde se sostienen las oposiciones virgen/mancillado, turbia proliferación de lo diferente/prístina persistencia de lo mismo.El conocimiento que proponemos es complejo: …porque concibe homo no sólo como sapiens, faber y oeconomicus, sino también como demens, ludens y consumans; Mroin, Edgar (2006). El Método 5: La humanidad de la humanidad. La identidad humana, 2ª ed. Cátedra: Madrid. p. 17.
- xiv Para Bajtin el diálogo fluye en la multiplicidad de voces de lo polifónico; para Levinas el diálogo no está condicionado a la búsqueda de la “verdad”, sino que surge de la ética que reconoce el rostro del Otro; Deleuze da importancia a las variaciones que surgen en el diálogo, equiparándolo a lo que deviene musicalmente el jazz.
- xv Si se invierte su denotación negativa, fingěre (presente en ficción) connota modelar, aparte de inventar (que necesita cierto genio), o representar (que conlleva a la abstracción).
- xviHarari, Yubal Noah (2014). Sapiens. De animales a dioses: Breve historia de la humanidad. Barcelona: Debate, p. 30
- xvii Goffman, Erving (1981). La presentación de la persona en la vida cotidiana. 1ª ed. Amorrortu: Buenos Aires
- xviii En “Realismo capitalista” Mark Fisher enfatiza esta frese, adjudicada a Fredric Jameson, para dar fuerza a su postura crítica frente a la imposibilidad de cambio en el capitalismo como sistema que involucra la multiplicidad de la vida.
- xix Alusión al concepto de “banalidad del mal” desarrollado por Anna Arenth.
- xx Al considerar que el proyecto humano cambia al fragmentarse el positivismo fundado sobre la razón, da cabida a la “orgía” posmoderna de las simulaciones planteada por Jean Baudrillard; pero considero que ese sesgo excluye la posibilidad crítica de la ilustración radical que defiende Marina Garcés y que se puede asumir como posibilidad de modelar realidades que permitan conjurar la insensatez, promoviendo la supervivencia de la especie diferenciada como “humana”.
- xxiLa caricatura de la modernidad, elaborada en pocas líneas, puede transformarse en la lectura de la primera lección de Habermas compilada en “El discurso filosófico de la modernidad” (1989 [1985],Taurus: Madrid, pp. 11-23. La modernización como símbolo se torna tan fuerte que en tanto calco, llega a sustituir el territorio de la modernidad; pero la distribución sensible que despierta esta dinámica simbólica está tan interiorizada que el deseo no puede deslindarse de la tecnofascinación; es complicado considerar el slogan de Latour de no haber sido nunca modernos y cada vez más difícil desacelerar o decrecer.
- xxii En una epistemología de (aunque parezca contradictorio, desde la sabiduría popular o cierta ambigüedad “queer”) “hay que creer en la ficción, pero no tanto” o “ni mucho que queme al santo ni poco que no lo alumbre”, se puede tomar una postura desde la diversidad, logrando disolver la mala connotación que acompaña al eclecticismo, suponiendo que cualquier taxonomía solo corresponde a una forma de organizar lo que fluye, para facilitar la comprensión. Igualmente se puede considerar que el trabajo de clasificar actualmente tiene nexos con el marketing académico. Asumiendo esto, se pueden amasar el modelo especulativo planteado por Ludmer (LATAM desde concepciones temporales y territoriales), García Canclini o Glissant (híbridos culturales en las relaciones complejas de modernidad y postmodernidad) y la crítica decolonial… en el enredo que intuía Marta Traba y su LATAM descrita como el mundo de lo semi.
- xxiii https://lavaca.org/notas/lo-que-viene-despues/ 30/12/2010 Cons: 16/06/2025
- xxiv Se ha tornado protagónica la problematización de la temporalidad en las humanidades, abordando cuestiones como el anacronismo, la heterocronía, la contemporaneidad del pasado, la multiplicidad temporal, la lectura discontinua de la historia: Georges Didi-Huberman, Ante el tiempo , Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2008; Terry Smith, What is Contemporary Art?, Chicago, University of Chicago Press, 2009; Keith Moxey, El tiempo de lo visual: la imagen en la historia , Barcelona, Sans Soleil, 2015; Christine Ross, The Past is the Present; It’s the Future Too. The Temporal Turn in Contemporary Art , Nueva York, Continuum, 2012; Amelia Groom (ed.), Time , Cambridge, MA, The MIT Press, 2013. Mieke Bal, Conceptos viajeros en humanidades: una guía de viaje , trad. Yaiza Hernández, Murcia, Cendeac, 2009. (Hernández Navarro, Miguel Ángel (2020). Mover la frontera: actuar aquí y ahora. En Bal, Mienke (2020). Tiempos trastornados. Análisis, historias y políticas de la mirada. Akal: Madrid, pp. 5-16)
- xxv Con las tecnologías electrónicas, el consumidor llega a ser al mismo tiempo productor. Alvin Tofffler acuña el término en su libro Future Shock. Las plataformas digitales sostenidas por internet han extendido esta posibilidad, aunque es difícil determinar toda la variedad de relaciones y de hechos que de esto deriva.
- xxvi Comprender la pobreza desde el desarrollo humano, va más allá del ingreso monetario, contemplando la vida como la realización de múltiples aspectos, inclusive las capacidades de imaginación, pensamiento, afectividad, razón práctica y reflexión crítica, reír, jugar o disfrutar el ocio.
- xxvii No son ya exclusivos los planos de color promovidos por Luis Barragán; Alfred Stieglitz o Jan Saudek pueden ejemplificar desde la fotografía al igual que Tom Phillips desde lo concreto
- ( https://www.tomphillips.co.uk/works/prints/9262-voices#sigplus_1002 )
- xxviii Bürger, Peter (2000 [1974]) Teoría de la Vanguardia. 3ª ed. Peninsula: Barcelona, ver: La obra de arte vanguardista, pp. 111-150

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