Si nos atenemos al correlacionismo en el que lo afectivo o perceptivo, lo sensible, que necesita su invernadero, un entorno organizado para poder asegurarse, tendremos la realidad como principio plagado de mitologías que permiten habitar en una fracción del “gran afuera absoluto”, al sernos donado un mundo. Principio de realidad que nos permite equilibrarnos sobre las piernas y entender lo que implica el balanceo, la gravedad, el peso de la seriedad que evade la caída; el mito del acierto confrontado a la negatividad de la caída. Después de la ineludible eventualidad de tropezar con las piedras, podemos aceptar que el principio también es comienzo: los sueños sobreviven, confusos, sin la narrativa que estableció el señor Freud para abrir los ojos. Aun así, nos obstinamos en que no hay sospecha, la disección diaria nos colma, queremos abrumarnos en el aseguramiento narcótico al positivo. La ética y la crítica han de mapear los matices de la región que se extiende entre el bien y el mal, cartografía que ayuda a definirlos, toda una región de matices que evita seguir el sentido en una sola dirección, de un polo a otro.
La vida es mediada en regiones en la que se va sembrando una red vial que permite el movimiento y la exploración, medio para la respiración, para cultivar, para habitar, para edificar espacios comunicativos en los que la pregunta o el silencio están siempre presentes, la vida transcurre en espirales recursivas en cuyo torbellino es indisociable el adentro del afuera, la vida es el espacio de las relaciones dentro de equilibrios dinámicos. Se puede circunscribir el poder de lo vivo dentro de las relaciones del animal humano, pero es un panorama estrecho que excluye la complejidad de relaciones cosmopolíticas capaces de configurar realidades en diálogo responsable.
Si uno se atiene a los parámetros disciplinares para abordar problemas, se cumple con cierta demanda de eficiencia antropocentrada para producir conocimiento funcional. La especulación y la poética indisciplinan el conocimiento permitiendo descentrarlo para cobijar diálogos y dimensiones de negociación y escucha más amplios. Si la filosofía se reduce a tecnicismos y la política a críticas de poder, se toma partido fácilmente, empobreciendo la realidad.
Sin restarle méritos por su promoción del Situacionismo que poetizaba la cotidianidad, contra la rutina institucionalizada de trabajo y tiempo libre, bogando por un reparto sensible no sometido a la rentabilidad monetaria, la tendencia iconoclasta de Guy Debord paradójicamente atiende al rigor disciplinar que frena entregarse al mundo. Él entiende lo visual como retórica, las imágenes al servicio de las palabras, establecen la alianza publicitaria que va configurando el mundo a partir de la posguerra, promoviendo la enajenación en una entrega al reparto sensible establecido por los estadounidenses. La imagen tiene la fuerza que potencia la sugestión, pero es el sentido hacia donde se dirige lo deseable y en la claudicación consumista al mercado del deseo ajeno, donde se rinde la vida. Al final del día, en la disciplinada burocracia estaba el deseo de consumo que sus proletarios no pudieron satisfacer, los camaradas armados siguieron tan blancos como los actuales anglosajones puritanos, lo correctamente político aguardaba, tranquilizando a aquellos que hacen guerras para alinear a quienes favorecen el consumo o para presionar con la precariedad el anhelo de compra; la desposesión se torna en parte importante de las estrategias para el lucro. La crítica zurda quedó en clamor de sordos, el muro cayó, no hubo eco. Ahora es amplio el abanico de lo redituable vinculado a lo deseable, incluyendo la presencia variada de géneros mientras se excluye la diferencia que nos permite elaborarnos, negando la posibilidad de aprender para que las ficciones cultivadas no maten, evitando que fluya el agua que Platón ha estancado en una caverna; la necesidad de tanta positividad es abrumante.
En el film “La sociedad del espectáculo” se suceden la fábrica, la ciudad, la contaminación, los movimientos obreros, las manifestaciones de protesta, el lujo vinculado al consumo, y las tendencias ligth asociadas a las jóvenes; sirven como fondo al discurso crítico del mundo que se configura, pero las palabras no logran encarnarse en es(x)crituras poéticas. El sexo queda reducido a pudorosa politiquería, marginando su vínculo deseante, ignorando la belleza surgida cuando los cuerpos negocian. El clamor de realidad mata los sueños, incapaz de predecir cómo el caballo patronal iba a acabar tumbándonos: ahora somos asociados de quinta categoría.
El pan y el circo le sirvió a Calígula, pero después de tanta matemática la tarea es superarlos, los dígitos deben ser imaginación contable para mejorarnos; hay que denunciar el nexo establecido entre lo redituable y la falta de capacidad para abordar las imágenes que en el desarrollo técnico nos va bombardeando, cada vez más y más y más; transformar la avalancha de datos en llanura fértil, en la que se extienda una red poblando el mundo con sus raicillas, en cultura humano-vegetal. Recordar que la imagen es abstracción que nos vincula al mundo, la realidad es siempre comienzo en su principio de ensoñación.
Las imágenes se conforman para concretar la abstracción que permite interiorizar en el conocimiento el mundo conformado, arremeter contra la imaginación en una multiplicidad de mundos coarta la plasticidad creativa para enredar mundos y co-existir. Demonizar el espectáculo y su dinámica multiplicadora de imágenes a observar, promueve la insensatez al limitar el posicionamiento crítico frente a lo múltiple observable, al frenar la participación en la relaciones multidireccionales, en que las mediaciones, no solo sensibles o formales, sino tecnológicas, operan como dispositivos de significación. Las imágenes como mediadoras permiten relacionarnos con el mundo; establecer los criterios para negociar en los mundos y entre mundos es lo que demanda cuidado y atención. Se puede canonizar en un dibujo el que las líneas se tracen derecha a izquierda, sin ver que, en su revolución, regresará al punto de partida; en cambio, es posible cuidar que la criba espolvoree sobre una región amplia, para trazar dibujos atentos a escuchar la materia, la superficie y la contingencia de las formas, en un modelo de negociación más localizado y plástico, mitologías delicadamente elaboradas sobre poéticas de vida.
En contraste, Marie-José Mondzain, piensa la imagen como la alteridad que forma parte de toda posibilidad latente en los procesos de significación, provee de figuras que permiten la comprensión del mundo; la imagen invita a la palabra y se posiciona de manera que invita a la construcción simbólica, interceptándose con el conjunto del verbo, a la vez que lo complementa como aquella madre engendradora a la cual el logocentrismo necesita, debe temer, a la vez que aprender a darle acogida, admitiendo su fuerza cargada de emociones, de afectos y de su capacidad seductora. Ser espectador es comprender el bucle que designa el mundo:
Estamos condenados a conocer del mundo solo las huellas que dejamos allí, y por tanto, al mismo tiempo, las huellas que dejamos allí esconden el mundo. Desde el momento en que miro la mano en la roca, veo la mano, ya no veo la roca. Es muy importante, cuando el dedo apunta a la luna, mirar el dedo, precisamente porque la luna se ofrece a la mirada por el gesto que la muestra y la palabra que la nombra. Es el dedo que designa la luna. (Scott, Diane, 2008).
El espectáculo no es solo montaje que utiliza tecnologías de comunicación con el único fin de alienar una masa para propiciar optimizar su trabajo productivo y consumir en el tiempo de ocio. El espectáculo es la posibilidad de que ociosos contemplemos el mundo para producir semiósis poética vinculada a la vida
Partiendo de la situación inicial, en la cueva de Chauvet, donde el hombre que muestra y el hombre que ve son lo mismo: por tanto, el hombre que se muestra, que saca y constituye su posición, su postura frente al mundo, como espectador del mundo, y de ahí la posibilidad de pensar el mundo separándose de él y convirtiéndose en productor de signos que producen vínculos y rupturas, afiliaciones y conflictos. (Scott, Diane, 2008).
La tarea consiste en formarnos para el espectáculo de los mundos, trabajando para producir semiósis poética de vida.
Scott, Diane (2008). Marie-José Mondzain : qu’est-ce qu’une image?. regards.fr, http://www.regards.fr/archives/archives-web/marie-jose-mondzain-qu-est-ce-qu,3163, Cons: 04/05/2022


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