La pregunta ya no es quiénes somos, sino en qué vamos a convertirnos. (Preciado, 2023, p. 32)
La sexta edición del libro que poseo, data de mayo de 2023, si bien la primera se publica en octubre de 2022, cuando las curvas de la pandemia Covid-19 se encontraban en descenso. Subtitulado “El sonido del mundo derrumbándose”, no me fue, ni me es indiferente, aunque me veo tentado por la ilusión de inmunidad, al darme cuenta que la estadística de vida es mucho más alta que la de muerte pandémica o que se dogmatiza la «normalidad» como edicto que asegura los asuntos de los hombres. Pero la finitud se impone; continuamente dejo de ser, a la vez que me conozco de nuevo: mi cuerpo transita de hombre maduro a viejo; mi condición de discapacitado me ha confrontado siempre a la diferencia con los otros y conmigo mismo; de esta manera el sonido del derrumbe no es un rumor lejano. La autora que transita de Beatriz a Paul, señalando su movilidad expresada en la condición de ser “ex”, exlesbiana, exhomosexual, exheterosexual, aclara al respecto:
[…] no es heterosexual quien folla así o asá, sino el que es identificado como tal en un régimen político de representación y de reproducción sexual. Extramatrimonial, no porque tuviera relaciones fuera del matrimonio, sino porque el matrimonio mismo ha quedado para mí totalmente fuera del ámbito de inteligibilidad. Forzado a una exogamia cósmica exorbitada. Soy también examante y, en algunos otros casos, examigo o exconocido, como se puede decir de alguien a quien se frecuentaba no solo en un tiempo tan distante que ya parece irrecuperable, sino más bien en otra vida. Exmiembro de cofradías intelectuales que en este momento de la exhistoria de ex-Occidente ya no significan mucho. Exnietzscheano. Exderridiano. Exfoucaultiano. Exdeleuziano. Exguattariano. Exmoderno y exposmoderno. Exqueer. Exfan de los sixties, pero también de los seventies, los eighties, los nineties y los dos mil. Excombatiente de todas las luchas del siglo XX: exhumanista, excomunista, exfeminista, exelegebetista. En definitiva, exidentitarista. No desnudo de identidad, sino exfoliado. Exhumado. Exhumano. Irremediablemente extraño. Extraviado. (2023, pp. 218-219)
Asumir la extrañeza permite comprender que el derrumbe requiere atención, y si bien es latente la posibilidad de caer aplastado, con un poco de respuestas hábiles se puede apreciar el grosor de los muros y el cambio que trae el aire fresco circulando por el boquete. Escuchar es el principio para el diálogo, escuchar el mundo, así sea en tono de derrumbe, permite formular preguntas. No trato de darle vuelta al dolor que implica la sexta extinción masiva de especies, ni a la cruel democratización de lo precario, ni a las consecuencias de estar envenenados o sumidos en la insensatez funcional ligada a la información: todos padecemos la contaminación atmosférica, el cambio climático y los demás daños que deja a escala geológica, la economía del capital financiero y la industrialización vinculada a los combustibles fósiles. Coincido con Preciado y otras personas en la necesidad de desarrollar nuevos consensos, con lo que implica de cambio y de pluralidad. Sabernos extranjeres permite recordar que la condición de nuestra especie se relaciona con la expectativa que produce el ex-tasis, con la capacidad de establecer vínculos mediante técnicas; produciendo nuestros órganos que a la vez son órganos de producción, en el exterior de nosotros mismos. Pero no basta con enajenarnos en el embeleso del turista: ser extranjere reclama reconocimiento propio para dar respuesta a quien interpela, atender el retorno recursivo, que no es contradicción ni dialéctica; es posicionarse para negociar y para acoger cuando sea el turno correspondiente, encontrar los mecanismos para la cooperación, para la simbiosis.
La necesidad de reinventar la industria, la economía y la política hace imperativo volver a considerar que el conocimiento se articula íntimamente con nuestra espacialidad; está condicionado por la manera en que -múltiples y particulares- podemos ser: por las distancias recorridas en nuestro deambular erguidos, por el lugar donde yacemos, lo que llena las manos o la boca, por el cielo que nos empequeñece. Tratamos de hacerlo durar, pero la memoria distorsiona y olvida. Conocer es partir de una serie de respuestas efímeras que se desplazan y aguardan la siguiente oleada de preguntas. La tecno-ciencia es solo una manera más en que jugamos a poner en marcha respuestas, pero no puede operar como única forma que captura lo posible. Preciado nos convoca a una emancipación cognitiva que sigue los pasos de Donna Haraway, planteando
[…] una contranarrativa que busca modificar la perspectiva de lo que está sucediendo, cambiar las preguntas para poder proponer nuevas respuestas. Imaginar es ya actuar: reclamar la imaginación como fuerza de transformación política es ya empezar a mutar. (2023, p. 56)
La imaginación permite concebir el cambio de escala, sabernos a la vez cósmicos, planetarios y pedestres: concebir geometrías que curvan espacio-tiempo u organizan la administración parcelaria; a su vez, para poder compartir el relato de lo que ocurrirá en dichas dimensiones, es necesario establecer las coordenadas a habitar. En el momento que se olvida la plasticidad del espacio, la creatividad de un grupo inventa la mitología de ser los elegidos, que se pueden diferenciar como “los hombres” o “los hermanos mayores”, la cohesión identitaria que se obtiene es a la vez un mecanismo de diferenciación que desconoce y excluye hacia una infrahumanidad a quienes no tienen cabida en dicha identidad, a la otredad1.
Es significativa la coincidencia de que, en 1991 Haraway publicara Simians, cyborgs and Women. The Reinvention of Nature, a la vez que estallaban las guerras yugoslavas. Más allá de considerarme posmoderno, decolonializado o antropocénico, treinta y tres años después y retumbando la masacre en Palestina, creo que siguen teniendo vigencia las ideas que escribe sobre la identidad pensada desde la maleabilidad creativa:
Sólo el antiesencialismo postmoderno nos permite sortear los peligros de habitar el ombligo del monstruo y aventurar su deconstrucción consciente y responsable. Por ejemplo, sólo una concepción del conocimiento como necesariamente situado y de las identidades como básicamente fragmentarias, móviles y ubicadas en una globalización de las dependencias, permite cosas tales como: i) postular identidades, que en lugar de ser cerradas y opuestas, sean abiertas, faciliten las afinidades y se reconozcan cruzadas por muchas y diversas diferencias; ii) apreciar que el sujeto, como la capacidad de acción y el punto de vista, no es algo dado o predeterminado, sino algo que se está produciendo y nos responsabiliza; iii) defender que no caemos en el relativismo cuando reconocemos que sólo es posible un conocimiento «objetivo» si se parte de una perspectiva colectiva, parcial, interesada y consciente de las violencias y reinvenciones que ella misma introduce; o iv) sensibilizar las luchas de clase con cuestiones raciales y sexuales, a la vez que disolvemos las dicotomías establecidas entre raza y etnia, sexo y género, organismo y marco cultural, etc. (Haraway, 1995, pp. 30-31)
Las políticas identitarias promueven actividades que los marginados emprenden para contrarrestar la dolorosa injusticia que la segregación impone. La gente desplazada y forzada a interrumpir su historia vinculada al lugar en el que cultivan sus afectos, genera una experiencia de dislocación que se refleja en la angustiosa pregunta de “¿A donde pertenezco?”, al igual que surge la dificultad de reconocer como modo de autoposicionamiento, la “capacidad de habitar identidades complejas y reflexivas que reconocen el lenguaje, el conocimiento, el género y la raza” (Rogoff, 2014, p. 29). El peligro que les acompaña, es sucumbir a la exclusividad que perpetúa el nacionalismo regulado por un Estado policial; quizá sea más atractivo lo que considera Irit Rogoff cuando considera que al “introducir en el ámbito de la geografía cuestiones sobre la condición del espectador, la subjetividad y la epistemología crítica, trasladamos la interrogante del centro a los márgenes, al lugar en que el conocimiento y las identidades nuevos y multidimensionales están en proceso de formación constante” (2014, p. 36), de manera que el transito de afectos amplíe las posibilidades de reconocimiento y negociación, tanto en la imaginación de lo social, como en la particular. De igual manera Rogoff subraya el aporte conceptual del feminismo que
[…] ama otra ciencia: las ciencias y las políticas de la interpretación, de la traducción, del tartamudeo y de lo parcialmente comprendido. El feminismo trata de las ciencias del sujeto múltiple con (como mínimo) doble visión. El feminismo trata de una visión crítica consecuente con un posicionamiento crítico en el espacio social no homogéneo y marcado por el género.
La angustia de no pertenencia se disuelve en el reconocimiento de nuestro continuo transitar, en movilidad de escalas y duraciones; no ser de aquí o de allá implica la posibilidad de habitar donde se está y de comprender donde se ha estado, haciendo de la memoria querencia, que a su vez permite imaginar, dialogar y amar otras tierras.
- Haraway, D. (1995). Ciencia,cyborgs y mujeres. La invención de la naturaleza. Cátedra.
- Preciado, P. B. (2023). Dysphoria mundi. El sonido del mundo derrumbandose (4a). Anagrama.
- Rogoff, I. (2014). Terra infirma. La cultura visual de la geografía. Universidad Autónoma de México.
1 Desde la etnografía, Pierre Clastres, Arqueología de la violencia:la guerra en las sociedades primitivas (FCE, 2004), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Los Kogi: Una tribu indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta (Vol 1 y 2. 1950 y 1951. Bogotá: Iqueima). De igual manera es recomendable Posthuman Glossary (Braidotti, R., & Hlavajova, M. (Eds.). (2018). (1a). Bloomsbury.)


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